UdeC en paro (sociología): “por el desarrollo libre del espíritu”

Por Luissette Miranda

¿Cuál es el rol de las universidades y qué es lo que realmente esperan de nosotrxs?

Dentro de una situación incierta, donde las fragilidades sociales surgen a flote y se visibilizan más que nunca, el rol de la educación formal y privilegiada se ve tristemente teñida de apatía y deshumanización. Cuando hablan de la calidad humana en los perfiles de egreso de lxs alumnxs universitarixs, no se condice a lo que nos hemos visto obligadxs a hacer: mantener un ritmo forzado de formación académica en medio de una crisis mundial. La cancha nunca ha estado pareja, existen personas con grandes posibilidades para sostener esta rutina, y muchxs otrxs que están sumergidos en otro tipo de preocupaciones.

Existe una multiplicidad de factores que parecieran ser obviadas por las autoridades universitarias, desde la vivienda precaria, el pago del arancel y las residencias universitarias para quienes vienen de otros partes del país, la falta de insumos tecnológicos para sobrellevar la carga académica, la calidad rural y la conectividad, la violencia intrafamiliar y la vulnerabilidad emocional a la que nos enfrentamos no sólo lxs estudiantes sino la repercusión que esta tiene en las familias a raíz de los despidos masivos y la rebaja de los sueldos a causa del COVID-19 y el miedo, latente, a perder a tus seres queridxs.

Esta falta de empatía ya se había visto, desde la Revuelta Social las autoridades se han empecinado en marginar a lxs más marginadxs, procurando mantener la estructura incluso cuando se desmorona frente a sus ojos. Quienes hemos elegido la actividad universitaria para fines mayores y de un futuro próspero, no deberíamos permitir que esta quede desenmarcada de la acción política. Es bien sabido que las declaraciones de los altos mandos no responden a las necesidades que se abogan a nivel social, y desde la calidad de alumnxs se hace necesaria una contra argumentación ante sus imposiciones.

Desde mi punto de vista, nadie quiere ver fragmentada su formación como futurx profesional, pero si eso significa deshumanizarte hasta que no te importe si el otrx pasa hambre o frío, se me hace inconsecuente. ¿Qué esperan de nosotrxs realmente?

¿Que al final de la pandemia el único ejercicio que podamos concluir sea un paper de 20 hojas abusando teóricamente de la precariedad del otrx, cuando nos impulsaron a evadirla para responder a sus necesidades y no las del colectivo?

La paralización de actividades de más de 40 carreras de la Universidad de Concepción es una vista tenue a las grandes intenciones de trabajar y lidiar con el contexto. Paralizar es parte de un agenciamiento que entiende de empatías y las múltiples carencias. Hay muchxs estudiantes que no cuentan con las herramientas necesarias para trabajar online y pareciera que no les importa. Cuántas realidades se omiten desde el espectro especulativo en cada encuesta, porque aún no podemos dimensionar el gran daño de lo que implica vivir en un país donde tu salud e integridad está por debajo de la maquinaria gubernamental y su ambición económica.

La Universidad es una institución más a la cual cuestionar y no nos pueden obligar a obedecer. Desde las Ciencias Sociales no se puede esperar sólo una teorización sobre lo que está pasando cuando las verdaderas necesidades, hoy por hoy, son recolectar alimentos, insumos médicos para tus vecinxs y ayudarles a pagar sus arriendos y gastos básicos, y si no es tu realidad, debería movilizarte para ello.

Los contenidos de la malla estarán ahí para cuando todo esto termine, ahora es momento de ser responsables con la vida de lxs otrxs y con la propia, tomando los resguardos necesarios para no contagiarte ni contagiar, pero por sobretodo, para agilizar la ayuda que no vendrá ni de ellxs ni del gobierno, y hasta entonces #udecsinconexión.

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