UdeC en paro (psicología): “la situación no es sencilla para nadie”

Por @ari.ira

La situación actual no es sencilla de afrontar para nadie. Dentro de todas las posibilidades que el mes de marzo ofrecía, ninguna contemplaba el estallido de una pandemia mundial.

Las estrategias para enfrentar y controlar la masificación del COVID-19 por parte de nuestro gobierno son, para no perder la costumbre, paliativas, ineficientes, tardías y truculentas, las cuales ignoran la realidad en que viven las personas hacia quienes están dirigidas, como la mayoría de las políticas que se han implementado hasta ahora. Nada nuevo.

Sin embargo, algo que me ha sorprendido –y no gratamente- es la forma en la cual nuestra gloriosa universidad ha llevado esta crisis, pues no esperaba que actuara en concordancia con el actual gobierno, es decir, entregando soluciones paliativas, tardías y truculentas, que ignoran la realidad en que viven las, los y les estudiantes que han optado por depositar su confianza en esta institución.

En primer lugar, considero una burla que el arancel (que no se deja de cobrar mensualmente) siga siendo el mismo. No es posible que se esté cobrando por un servicio incompleto, que además no asegura la calidad de la educación que les estudiantes están recibiendo.

Es cosa de ponerse a pensar: entregaron becas de conectividad. Me pregunto por qué le llaman “beca” y convocan a les alumnes a postular por su propia cuenta a algo que la universidad debería garantizar, es decir, el pago completo del arancel no se justifica, ¿por qué no reinvertir ese dinero en todos y cada uno de los estudiantes sin preguntarles siquiera? ¿Por qué alguien debería quedar sin ese “beneficio”, tomando en cuenta que debe seguir pagando la cuota completa, mes a mes?

Siguiendo una línea similar, la carrera de psicología también presenta casos de personas que, injustamente, no han recibido tal beca universitaria. Para lograr paliar un poco esto, algunes profesores hicieron una “vaquita” para poder costear el servicio de internet a algunes, y la coordinadora, mediante ciertas gestiones, redireccionó los fondos que existían para impresiones y fotocopias para la misma causa. Para la falta de equipos, se ha tenido que recurrir a la buena voluntad de otres compañeres que pueden brindar una mano en eso. ¿De qué gloriosa universidad me están hablando?

Y el descontento continúa, pues debido a esta situación se decidió como estamento estudiantil paralizar, hasta que se solucionaran los problemas descritos. Una vez que se solucionaron, el paro se revalidó, pero fue ignorado y, dictatorialmente, les profesores reanudaron las clases, sin considerar que les compañeres que no tenían buena conectividad no estaban al día, y que los trabajos en grupo existen en absolutamente todas asignaturas, por lo que, finalmente, todo el curso se desfasa.

Se pasó a llevar la democracia, se invalidaron nuestras decisiones. No se nos escuchó, y tuvimos que bajar la cabeza y continuar, como en una dictadura.

En lo personal, creo que tener clases online es un error, es violento, es injusto. La universidad como espacio físico, representa para muchas personas un lugar de desconexión de las vivencias en casa, es muchas veces el lugar donde se tiene mejor conexión a internet que en la propia casa o incluso el único lugar donde se cuenta con ella. Significa una oportunidad de estudiar sin frío al poder usar la biblioteca, y se pretende que todo siga igual. Es una ceguera de mente y de corazón.

Hoy hay muchas personas con problemas: viven violencia dentro de sus hogares, tiene problemas económicos que les tienen con la soga al cuello, deben trabajar para mantener a sus familias, son madres, padres, o cuidadoras/es. Muches viven con niñes, y sabemos lo dificil que es lograr concentrarse con la energía que estos pequeños seres tienen, de la que no son culpables claramente.

La universidad no está tomándole el peso a lo que significa cargar con labores domésticas, el estrés propio de las vivencias cotidianas, y a eso tener que agregarla la sobre exigencia que cada una de nosotras como personas tenemos que poner para poder cumplir con lo que se nos exige, como si la vida no tuviera ya suficientes otros problemas con los que lidiar.

Me apena que la empatía no sea un factor importante a la hora de decidir continuar con esta modalidad. Es inhumano, es mentalmente agobiante tratar de seguirle el ritmo a una forma de aprender completamente virtual, alejada de los métodos distintos que cada una tiene para lograrlo, exponiéndonos a una presión nunca antes experimentada, y es que la vida académica depende hoy no solo de nuestro estado anímico, sino también de que no se caiga el internet, de que VTR funcione bien, depende de si en la familia se necesita ayuda, de si existe alguien disponible para que salga a hacer las compras, depende de si tienes tiempo en la pega de revisar el material que les profes no dejan de enviar. Depende de si hay alguien en tu casa que pueda cuidar a tu hije, de si hay alguien más que pueda hacer la comida para tus hermanes, y un sinfín de situaciones que realmente no son compatibles con una educación de calidad, la cual supuestamente persigue nuestra universidad.

Me siento decepcionada de la universidad que elegí, del sistema educacional chileno, de las autoridades que lamentablemente nos gobiernan.

La desesperanza, estrés y frustración van en aumento y yo no sé qué está esperando la Gloriosa para hacerse cargo.

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