Clases online en la UdeC: precariedad humanitaria

Llegó marzo y la clase trabajadora, ya no sólo preocupada por las cuentas a pagar y cómo alargar el sueldo que se acaba tan rápido en el mes más difícil del año, sumaba una brutal tragedia que convencía ser de las peores crisis sanitarias a nivel mundial.

La pandemia por coronavirus junto con aterrorizar a la población, por su rápido contagio y el conocimiento común sobre la precariedad del sistema de salud en Chile, potenció el terror y malestar en torno al mismo. El resguardo voluntario, la cuarentena consciente, el autocuidado y difusión de las prácticas de higiene y las ollas comunes, han sido ejemplo de que en nuestro país quienes hacen frente a los hechos de catástrofe son sus habitantes y no sus gobernantes.

La angustia es compartida ante la incertidumbre actual y que se presenta en todos los territorios, así como la tristeza, nostalgia del reencuentro; sin embargo, no todas las personas están en similar situación en este vivir.  Las crisis aparecen intensificando los males sociales ya existentes y así podemos ver cómo hay quienes en su encierro presumen lujosas dependencias, mientras otras habitan hacinadas, sin condiciones de salubridad, sin agua y con hambre.

Si bien las redes sociales han sido de vital importancia para seguir compartiendo virtualmente, respetando y difundiendo el cuidado, junto con la cuarentena necesaria; también han sido plataformas brutales y trágicas, plasmando y difundiendo de manera masiva la falta de empatía y sentido humanitario en torno a la situación actual.

Personas famosas compartiendo sus lujosas casas, sus pasatiempos, comidas, rutinas, mientras otr@s protestan como pueden por falta de alimento, hambre y encierro. Además de presenciar estos fatales hechos, las mujeres lidiamos con ver el aumento de cifras en los casos de femicidios, violencia doméstica y trabajo no pago: el encierro es muerte para mucha gente y el mejor privilegio para otras tantas.

La responsabilidad de lo mencionado anteriormente, no puede recaer en nosotras/os/es quienes intentamos sobrellevar como podemos la masacre económica y emocional, sino en aquellas jefaturas, directivos, cargos con poder de acción y decisión que pueden detener esta agónica manera de vivir a la que enfrentamos.

El descontento con el gobierno actual, que se ha demostrado desde la revuelta social en octubre ´19, solamente se ha fortalecido por las medidas que han tomado, sus intereses económicos son evidentes, sus aliados; son evidentes a ojos de la clase trabajadora. Pongo de ejemplo las medidas para ayudar a las “pymes”, la ley de protección al empleo que ha sido una burla resguardando a las grandes empresas y no a aquellas que no tienen ningún apoyo.

La violencia desmedida es latente de parte de los agentes del estado a la clase trabajadora, quitando la mercancía a feriantes, vendedores ambulantes, lanzándoles lacrimógenas en plena pandemia de virus respiratorio, hacia habitantes que reclaman por hambre y no tener acceso a alimentos.

En la Universidad de Concepción al igual que en otras universidades, la desigualdad no queda afuera.  Si bien el espacio académico es históricamente reconocido como un espacio privilegiado, la comunidad estudiantil no está exenta de sufrir las secuelas propias de un Chile capitalista y patriarcal. Y así como los gobernantes no atienden ni escuchan a sus habitantes, las autoridades (de la universidad) no atienden las de sus estudiantes.

Al igual que en todas las instituciones académicas, las clases online han sido la nueva modalidad impuesta para avanzar las materias. Tanto para docentes como para estudiantes, ha sido un desafío y sacrificio moldearse a la nueva iniciativa; no sólo por la falta de saberes en torno al uso de la web e internet, sino también la falta de insumos, conexión, espacio, tiempo y capacidad para adaptarse a las clases online.

Sale a la luz, más que antes, la desigualdad entre mismas/es/os estudiantes. Mientras quienes pueden estudiar en un ambiente seguro, tranquilo, limpio, silencioso; hay quienes deben dejar de estudiar por nacer sin esta posibilidad y como estudiantes no podemos estar tranquilas/es/os sabiendo que tenemos compañeras/es/os que están poniendo en riesgo su salud física y mental por la crisis existente, crisis que ha dejado en quiebra a miles de familias. Familias que también existen en los espacios universitarios.

Si bien la UdeC ha contemplado planes y campañas para poder entregar los insumos como computadores y conexión wifi a estudiantes, no han contemplado a quienes no tienen espacios para estudiar, a quienes trabajan para ayudar a sus familias, a quienes sufren de problemas mentales; la UdeC tampoco ha querido rebajar aranceles por su prestación de servicios que no tiene justificación con las millonarias cifras exigidas a estudiantes por acceder a su entidad educativa.

Mientras la universidad promociona sus ayudas y avances, aportes en este contexto; ha sido injusta y agresiva en reiterados casos. De las razones de las autoridades para no bajar los aranceles ha sido por las altísimas deuda que tienen como institución, sin embargo, vemos que la repercusión a su mala administración de fondos seguimos siendo el estamento estudiantil y no sus autoridades que han optado por priorizar gastos millonarios hacia proyectos como el Pacyt por sobre la solución a las precariedades estudiantiles que viven muchas facultades al interior del campus.

Pero así como dice Paulo Freire, pedagogo y filósofo reconocido, “sería en verdad una actitud ingenua esperar que las clases dominantes desarrollasen una forma de educación que permitiese a las clases dominadas percibir las injusticias sociales en forma crítica.” Sigue siendo difícil hacer que las autoridades puedan determinar nuevas acciones, escuchen las necesidades de sus estudiantes y atiendan las problemáticas de manera efectiva.

Y es por ello que muchas carreras han tenido enfrentamientos por la falta de escucha activa y compasión de parte de sus jefaturas, porque no hay atención para los problemas vividos por muchas/es/os. Tampoco se ha respetado tiempos de repaso, ni se ha atendido el llamado a modificar el sistema de evaluaciones; muchas/es/os docentes exigen tareas, trabajos, actividades, distintas evaluaciones como si estuviéramos en tiempos presenciales; no se ha modificado el sistema de estudio aun cuando la lógica exige modificación si el espacio y tiempo es modificado.

Estamos aprendiendo sobre las tecnologías de la información y aún no hemos entendido que lo virtual es distinto a lo real. Exigimos conexión y comunicación, sin entregar una efectiva relación entre la comunidad universitaria en general.

La paralización de más de 40 carreras al interior del campus, es por la falta de empatía, rigurosidad, atención y escucha activa de las mismas autoridades que se jactan de aportar a la humanidad desde sus materias científicas y olvidaron que el trato humano es el primer paso para hacer efectivo un cambio paradigmático.

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